Almsgiving | Limosna
St. Boniface, Bishop & Martyr
Tobit 12:1, 5-15, 20; Mark 12:38-44
Giving alms and giving praise are two essential parts of our lives as Christians. Today’s readings are filled with counsel and caution about almsgiving and praise.
Almsgiving is an expression of gratitude and justice. We give what we have because ultimately it came from God and must be rendered to God and shared with others. Our giving is often regarded by the world as an expression of our goodness, but it is really an echo of God’s goodness, love, and mercy. Thus, when we give, we are called to do so humbly and quietly.
Almsgiving can’t be a form of bribery. God doesn’t want, need, or like attempted bribes. Almsgiving doesn’t grant us a license to sin or to ignore our need for conversion. It can help us to grow in holiness, but it doesn’t automatically make us holy.
All praise belongs to God. Whatever good we do in this life reveals God living in us and working through us. Whatever praise we receive, then, belongs to the God who created us and inspires in us every virtue and life-giving thought, word, and action.
Our riches are God’s riches. We are servants and stewards. - jc
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
San Bonifacio, obispo y mártir
Tobías 12:1, 5-15, 20; Marcos 12:38-44
Dar limosna y alabar son dos partes esenciales de nuestra vida como cristianos. Las lecturas de hoy están llenas de consejos y advertencias sobre la limosna y la alabanza.
La limosna es una expresión de gratitud y justicia. Damos lo que tenemos porque, en última instancia, procede de Dios y debe ser devuelto a Dios y compartido con los demás. Nuestro dar es considerado a menudo por el mundo como una expresión de nuestra bondad, pero en realidad es un eco de la bondad, el amor y la misericordia de Dios. Por eso, cuando damos, estamos llamados a hacerlo con humildad y en silencio.
La limosna no puede ser una forma de soborno. Dios no quiere, ni necesita, ni le gustan los intentos de soborno. La limosna no nos concede una licencia para pecar o para ignorar nuestra necesidad de conversión. Puede ayudarnos a crecer en santidad, pero no nos hace automáticamente santos.
Toda la alabanza pertenece a Dios. Cualquier cosa buena que hagamos en esta vida revela que Dios vive en nosotros y actúa a través de nosotros. Cualquier alabanza que recibamos, por tanto, pertenece al Dios que nos ha creado y que inspira en nosotros toda virtud y todo pensamiento, palabra y acción que da vida.
Nuestras riquezas son las de Dios. Somos servidores y administradores. - jc



