Forgiveness and Forgetting | Perdón y Olvido

St. Jane Frances de Chantal
Joshua 3:7-10a, 11, 13-17; Matthew 18:21-19:1

How many times have you heard someone (maybe you) say, “I can forgive, but I can never forget?” That sentence underscores something that we know from experience: When someone hurts us, the pain can remain long after the event. When someone continues to hurt us, the pain is intensified. It can become so great that we are overwhelmed or numbed by it. That’s not healthy, either.

Every time that the wicked servant in today’s gospel reading encountered his fellow servant who was indebted to him, he was reminded of that debt and how it remained unpaid. His resentment and frustration grew. When he found himself and his family narrowly escaping the abyss of disaster and enslavement because of their debts to the king, those hard feelings exploded into rage and violence.

The problem wasn’t that he remembered what his fellow servant owed him. It was how quickly he forgot the king’s forgiveness of his astronomical and unsatisfiable debt.

Forgiveness doesn’t demand forgetting what others have done to us. At the same time, it requires that we remember what God has done for us. The God who can stop a river so that his people can walk through “as on dry land” can also give us the grace we need to forgive others and to never forget his mercy to us. - jc

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Santa Juana Francisca de Chantal
Josué 3:7-10a, 11, 13-17; Mateo 18:21-19:1

¿Cuántas veces has escuchado a alguien (tal vez a ti) decir: "Puedo perdonar, pero nunca puedo olvidar"? Esa frase subraya algo que sabemos por experiencia: Cuando alguien nos hace daño, el dolor puede permanecer mucho tiempo después del suceso. Cuando alguien sigue haciéndonos daño, el dolor se intensifica. Puede llegar a ser tan grande que nos abruma o nos adormece. Eso tampoco es saludable.

Cada vez que el siervo malvado de la lectura del Evangelio de hoy se encontraba con su compañero que estaba en deuda con él, se acordaba de esa deuda y de cómo seguía sin pagarla. Su resentimiento y frustración aumentaban. Cuando se encontró a sí mismo y a su familia escapando por poco del abismo del desastre y la esclavitud a causa de sus deudas con el rey, esos duros sentimientos explotaron en rabia y violencia.

El problema no era que se acordara de lo que le debía su siervo. Fue la rapidez con la que olvidó el perdón del rey por su astronómica e insatisfactoria deuda.

El perdón no exige olvidar lo que otros nos han hecho. Al mismo tiempo, exige que recordemos lo que Dios ha hecho por nosotros. El Dios que puede detener un río para que su pueblo pueda atravesarlo "como en tierra firme" también puede darnos la gracia que necesitamos para perdonar a los demás y para no olvidar nunca su misericordia con nosotros. - jc