Mustard Seeds | Semillas de Mostaza

St. Sixtus and Companions
Deuteronomy 6:4-13; Matthew 17:14-20

Mustard seeds are tiny, and I don’t always see mountains being moved these days. What am I to make of my faith—or the lack of it?

I have discovered that a lot depends on where I place my faith. If I place it in myself and my own powers, I am bound to be disappointed. I’m a human being and a sinner. While God has blessed me with some gifts, I am also limited. I can’t see, hear, or do everything. Placing my faith in other people can help at times, but they are similarly limited. Placing my faith in things—money, technology, etc.—is even less reliable.

It is only when I place my faith in God and love God with all my heart, mind, soul, and strength (and, Jesus added, love my neighbor as myself), that I can move mountains. It’s not my power but God’s power that does that.

St. Sixtus and his companions and many generations of martyrs are a testament to God’s power working through the mustard seed of faith. As the Eucharistic Prefaces for the Holy Martyrs say, their blood reveals God’s mighty works, perfecting God’s power in our weakness, bestowing strength on us to bear witness, giving ardor to our faith, and resolution in our struggles.

No seed grows on its own. - jc

----------------------------------------------------------------------------------------------

San Sixto y Compañeros
Deuteronomio 6:4-13; Mateo 17:14-20

Los granos de mostaza son pequeños, y no siempre veo que se muevan montañas en estos días. ¿Qué debo hacer con mi fe, o con la falta de ella?

He descubierto que mucho depende de dónde ponga mi fe. Si la pongo en mí mismo y en mis propios poderes, estoy destinado a sentirme decepcionado. Soy un ser humano y un pecador. Aunque Dios me ha bendecido con algunos dones, también estoy limitado. No puedo ver, oír o hacer todo. Poner mi fe en otras personas puede ayudar a veces, pero son igualmente limitadas. Poner mi fe en las cosas -dinero, tecnología, etc.- es aún menos fiable.

Sólo cuando pongo mi fe en Dios y amo a Dios con todo mi corazón, mi mente, mi alma y mis fuerzas (y, añadió Jesús, amo a mi prójimo como a mí mismo), puedo mover montañas. No es mi poder, sino el poder de Dios el que lo hace.

San Sixto y sus compañeros y muchas generaciones de mártires son un testimonio del poder de Dios que actúa a través del grano de mostaza de la fe. Como dicen los prefacios eucarísticos de los santos mártires, su sangre revela las obras poderosas de Dios, perfeccionando el poder de Dios en nuestra debilidad, dándonos fuerza para dar testimonio, dando ardor a nuestra fe y resolución en nuestras luchas.

Ninguna semilla crece por sí sola. - jc